25 may. 2008

As de tréboles - Vuelve Indy, más Indy que nunca

La montaña de la Paramount se funde en un hormiguero con la misma forma. Suena el "Hound dog" de Elvis Presley. Una gran carretera en el desierto de Nevada poblada por un convoy que se dirige a un secreto emplazamiento militar. Los militares abren el maletero y sacan a un hombre y le arrojan al suelo. Entonces cae un sombrero por todos conocido. A través de su sombra vemos que lentamente se levanta y se coloca el sombrero que únicamente él podría llevar. El héroe ha vuelto.

Así empieza la última aventura de Indiana Jones, maquinada por los mismos creadores de las otras joyas que nos enseñaron lo que era buen cine de aventuras en los 80.

La película mantiene los mismos elementos que hicieron grandiosas la trilogía anterior. Indiana Jones se reencuentra con el público que dejó con las lágrimas en los ojos hace casi una veintena, allá por el año 1989, cuando todos vibramos con Indy en la búsqueda del Santo Grial acompañado de su padre, Sean Connery.

La ausencia del padre de Indy es mencionada, pero el espectador puede incluso reconocer esa figura paterna en el propio protagonista -cuando en un momento este pronuncia "esto es intolerable", como hiciera Sean Connery- de una edad más avanzada, en contraposición al joven motero que le acompaña durante la aventura, hijo precisamente del primer amor cinematográfico del doctor Jones, Marion Ravenwood, quien incluso en la actualidad sigue siendo portadora de gran belleza.

Los malos han dejado de ser los nazis -estamos en 1951- y han pasado a ser los soviéticos. Es Cate Blanchet la que encarna a Irina Spalko, mano derecha de Stalin, quien pondrá las cosas muy complicadas al veterano Indy Jones.

En esta nueva entrega se mantiene la inclusión de algún elemento sobrenatural que magnifica la aventura. Para esta cuarta película, se ahonda en el misterio de esas calaveras de cristal encontradas en el mundo precolombino y que, en la actualidad, no hay una explicación científica oficial de su naturaleza. Aprovechando esta circunstancia, nuestro arqueólogo se embarcará en una aventura con el fin de esclarecer tal enigma.

El espectador se encontrará con lo que su cuerpo le está pidiendo. Vemos a Harrison Ford pelear como el que más, aunque no con la agilidad de antaño. Asistimos a momentos de tensión a bordo de vehículos, contra la naturaleza, a través de los rápidos de un río e incluso somos testigos de un hecho que sólo Indiana podría hacer: escapar de una explosión nuclear.

Y cuando vimos lo que parecía ser un final digno de sacrilegio, fue el momento en que Steven Spielberg nos engañó a todos y nos dejó claro que Indiana Jones, sólo hay uno, y siempre será Harrison Ford.

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